miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lo que ata, sujeta o limita la libertad

Antónimos: Contrarios. ¿Que tan contrarios se puede ser con tantas cosas que nos unen? Dejando de lado las cosas banales, nos une un pesado sentimiento de odio mutuo que se esconde en la composición química de las lágrimas que derramamos en consecuencia de nuestro antónimo.

Mi antónimo odiado que en algún momento fuiste mi sinónimo querido;

Las cosas que nos unían se complotaron tan perfectamente para convertirse en distancia, como programadas por esas gigantescas computadoras descorazonadas. Queda un poco de similitud tal vez en nuestra expresión cuando respectivos nombres surcan el aire, quizás un reflejo, un impulso, un sentimiento fosilisado disuelta en apariencias.

Me despido por que no podía obviarte, me despedí ya de mis amistades, y si he de dejarlas a ellas he de dejar también a mis enemigos.

¿Llegamos a ser enemigos? Uno debería odiar a su antónimo, o quererlo hasta tal punto de encontrar el lugar justo en donde encaja y que el alba nos encuentre dormidos, idénticamente diferentes, quizás resulta la ecuación.



De hace tantos meses, lugares, tiempos, fotos, besos, cristales rotos,cuentos.

GIRASOL

A Pierre Reverdy

La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano
Caminaba sobre la punta de los pies
La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos
Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales
Que únicamente aspiró la madrina de Dios
Los entorpecimientos se desplegaban como el vaho
En el Perro que fuma
Donde acababan de entrar el pro y el contra
La muchacha sólo podía ser vista por ellos mal y al sesgo
Tenía yo que vérmelas con la embajadora del salitre
O con la curva blanca sobre fondo negro que llamamos pensamiento
El baile de los inocentes estaba en su apogeo
Los farolillos se encendían lentamente entre los castaños
La dama sin sombra se arrodilló en el Pont au Change
Calle Gît-le-Coeur los timbres ya no eran los mismos
Las promesas de las noches por fin se cumplían
Las palomas mensajeras los besos de socorro
Se unían a los pechos de la bella desconocida
Lanzados bajo el crespón de las significaciones perfectas
Una granja prosperaba en medio de París
Y sus ventanas daban sobre la vía láctea
Pero nadie la habitaba aún a causa de los aparecidos
De los aparecidos que como se sabe son más devotos
que los desaparecidos
Algunos como esta mujer aparentan nadar
Y en el amor penetra un poco de su substancia
Ella los interioriza
Yo no soy el juguete de ninguna potencia sensorial
Y sin embargo el grillo que cantaba en los cabellos de ceniza
Una tarde cerca de la estatua de Etienne Marcel
Me hizo un guiño de entendimiento
André Breton me dijo pasa


André Breton

Finalmente, por entre las carnes
delineo el límite de una ciudad
que se alza majestuosa entra tu piernas.


Antes - Despues de esta imprecindible mujer que nació hace setenta años.