jueves, 8 de octubre de 2009

La Disección

Pendiendo de un alambre raquítico danza en duermevela la anémica bombilla blanca en beodos bamboleos. Ilumina taciturna el abatido laboratorio. En las paredes las manchas rancias se dilatan expandiendo su contorno verdusco por entre las enmarcadas vírgenes iridiscentes* que puebla el arcaico empapelado, el corroído papel que retuerce de agonía en sus mohosos extremos. Bajo ella, Con la sutileza de un escultor, Con la pesadillesca tenacidad de un cirujano, Con la precisión matemática de un asesino, el tosco cuerpo nudoso, de contraído esqueleto ,desmenuza mínimos trofeos halados.

Las encrespadas manos comienzan la cruel disección, el tierno desmembramiento. En su éxtasis no percibe al dócil botín aun agonizante cuando separa lentamente el par de alas membranosas, bañadas de faustas escamas tornasoladas. Introduce sin perturbación alguna las ágiles tijeras de finas puntas, agudas simétricas lacerantes, en el alarvado cuerpo peludo. El ínfimo fósil rehúsa la tortura en una última convulsión exasperada. El ruin escalpelo penetra la ensortijada trompa despedazándolo insaciable, trunco únicamente al toparse con las antenas, tímidas hélices que caen inertes a los lados.

Relamiéndose, el cruelmente retorcido perfil, comienza la milimétrica punción. Engarza dulcemente la labrada crisálida acribillándola en cosquilleantes alfileres. La despolva, la sofoca encuadrándola entre espesos vidrios. La admira mientras sonríe el amargo escozor del brillo perdido, y la ubica en un hueco lúgubre que la acuna miserable escurriéndose en sollozos. Camuflándola en el cadavérico inventario, el opaco laberinto de difuntas esfinges encandilantes.


Ya me cansé de buscar no hay nada

martes, 6 de octubre de 2009


La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado

García Marquez

jueves, 1 de octubre de 2009



“La literatura está cargada de fatalidad y de tristeza. ¿Por qué? La vida no es siempre fea. Lo que pasa es que, en el fondo, la literatura es un conjuro contra la infelicidad y la desdicha. La gente quiere ser feliz. Pero la felicidad no hay que escribirla: hay que vivirla. O por lo menos intentar vivirla. En la literatura se pone el deseo, la nostalgia, la ausencia, lo que se ha perdido o no se quiere perder. Por eso es tan difícil escribir una buena historia feliz. La historia de amor más hermosa que se ha escrito es Romeo y Julieta. Pero es una catástrofe. Ella tiene catorce años y él dieciocho, y terminan suicidándose. Qué linda historia de amor. Uno confunde la felicidad con las felicidades, con ciertos momentos transitorios de dicha o alegría. La felicidad absoluta no existe, y se escribe, justamente, porque la felicidad no existe. Existen pequeños instantes de felicidad, o alegrías fugaces, que, si se consigue perfeccionarlos en la memoria, pueden ayudar a vivir durante muchísimos años. La literatura también es un intento de eternizar esos momentos”.
Abelardo Castillo