No necesito ropa; me arropa el olor de ayer. No necesito ropa; me arropa el sabor a miel. No necesito que haya nada entre tú y yo la piel. No necesito nada de tu corazón beber.
Quedamos cerca del suelo a la altura de tu cintura o quedamos cerca del suelo donde se refleje la luna.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Nacer a veces mata y ser feliz desgarra.
Todavía es siete de septiembre en el gélido aire de mi habitáculo, las ratas lo tienen en claro y aprovechan los cajones repletos de alegrías descartables para sus moradas, el vinilo se repite una y otra vez idéntico, demoliendo el sonido anterior para replicarlo al instante siguiente , las paredes respiran tu nombre, y un rincón de mi inconciente busca identificar en los deslavados limites cuando fue en realidad que comenzaste a formar parte de estos pseudos ordenados desastres. Mis manos te llaman sin necesidad de palabras. Solo necesito respirarte un momento más. El alba esperará. Los relojes se cansaran de recorrer el mismo camino. La escenografía se desatará con gotas gruesas que caerán sobre el vidrio. Tu sonrisa será indeleble. El futuro será cercano. El presente será eterno. Las dudas correrán a esconderse tras los zócalos, la película adoptará una forma estática, los ruidos se apagaran un momento, los sueños los devoraremos con las manos.
Una fuerte oleada sin piedad que desata una reacción en cadena
Un efecto dominó,
Las minuciosamente pulidas piezas de hueso se dejan caer una encima de la otra por el impulso, por la inercia y por otro tipo de fuerzas físicas totalmente ajenas al cóctel de actos irracionales que desata.
En ese momento la ósea cerca de mi inocencia se desmorona. Alrededor solo hay un laberinto sin paredes, saturado de almas sordas de verborragia ajena.
Sobre la lluvia danza un violín de lata del que solo me llegan las últimas notas, me invitan a lo oscuro, a retorcer el camino, a gritar la asquerosa alegría que se impregna en la piel, entremezclada con el humo de un cigarro barato que se consume. Siento el crepitar de las llamas incendiando poco a poco el fino papel.
Que más da,
Solo son un par más de abrazosprefabricados,
Que más da solo es un poco más de piedad de bazar envuelta en lujoso papel de regalo.
De un espejo escapan kilos de vulgaridad; metros de reflejos que comienzan un largo monologo de interlocutores en el que se desdoblan, despliegan deslucen y hacen flamearlos pábulos que sacaron de su maletín, esbozan sonrisas impersonales. Y Fingen, y argumentan y respaldan motivos inexistentes y se convencen de que la culpa es intangible, de que se puede empaquetar en una caja de veinte por cuarenta centímetros y dejarla en el suelo sin destinatario ni remitente, mientras la melodía de un tic tac lacerante nos amordaza.
En el cielo comienza a aparecer la paleta crepuscular. Con un impresionante desfile de pigmentos de fondo huelo a la desesperación que ruega por un descanso. Ya es inútil luchar. La masa ya fraguó. El laberinto tiene forma de mujer.
las camareras de pelo gris en los cafés por la noche se rindieron, y mientras camino por las veredas de la luz y miro las ventanas de las casas de las enfermeras puedo ver que ya no es con ellas. veo gente sentada en los bancos de la plaza y puedo ver por la manera en que se sientan y miran que se acabó.
veo gente manejando autos y veo por la manera en que manejan sus autos que ni aman ni son amados ni consideran el sexo está todo olvidado como una vieja película.
veo gente en las tiendas y supermercados caminando por los pasillos comprando cosas y puedo ver por la manera en que les queda la ropa y por la manera en que caminan y por sus caras y sus ojos que no les importa nada y nada se preocupa por ellos puedo ver cien personas por día que se rindieron del todo
si voy al hipódromo o a algún espectáculo deportivo puedo ver miles que no sienten nada por nada o por nadie y no reciben ningún sentimiento.
por todas partes veo a aquellos que no mendigan nada sino comida, refugio y ropa, ellos se concentran en eso, sin sueños.
no entiendo por qué esa gente no desaparece no entiendo por qué esa gente no expira por qué las nubes no los asesinan o por qué los perros no los asesinan o por qué las flores y los niños no los asesinan, no entiendo supongo que ya están asesinados sin embargo, no puedo acomodarme al hecho de que existan porque son demasiados
cada día cada noche hay más de ellos en los subtes en los edificios en los parques
no sienten terror por no amar o por no ser amados.